“Hace ya algún tiempo que no me siento bien. No tengo ganas de salir y mucho menos de trabajar.. Tengo aún un montón de cosas pendientes que hacer, pero me siento y no logro concentrarme. Antes lo controlaba todo, hacía el doble de trabajo y no había problema, incluso mis compañeros venían a pedirme ayuda, pero ya no… Si sólo pudiera quedarme en la cama y no salir en una semana…”

Es posible que te hayas sentido identificado o alguna vez te hayas sentido así; o que te recuerde a alguien que se siente así.

Si te encuentras en una situación parecida, claramente esto afecta en tu vida diaria, se alarga en el tiempo y parece que lo que has intentado no funciona para solucionar las cosas.

Existen algunos signos de alarma que nos ayudan a considerar la decisión de pedir ayuda profesional:

  • Cuando te invade una sensación abrumadora y prolongada de indefensión, tristeza, apatía, falta de ilusión o sensación de que la vida no tiene sentido.
  • Te sientes ansioso y nervioso gran parte del día, lo que te provoca emociones de rabia o llanto explosivas que no puedes controlar ni entender ni canalizar adecuadamente.
  • Cuando te resulta difícil concentrarte en las actividades laborales o de la vida diaria.
  • En las noches te resulta difícil conciliar el sueño.
  • Lo que te está ocurriendo te está causando problemas significativos en tu vida diaria; ya sea con tu familia, pareja, amigos, trabajo, estudios, etc.
  • Llevas tiempo intentando solucionarlo y sientes que el problema no mejora, a pesar de tus esfuerzos y de la ayuda de tu familia y amigos.
  • Alguien se ha dado cuenta y te ha dicho que tienes un problema.
  • Intentas aliviarte abusando de algo para no pensar en tu problema; tales como consumir alcohol más que antes, jugar a juegos de azar, tomar ansiolíticos de forma automedicada, comprar compulsivamente, ver series o películas durante horas, etc.

Si algo que te está pasando causa problemas significativos en tu vida cotidiana, ya sea en el colegio, en la universidad, en el trabajo, y/o en la casa, puede ser el momento para pedir ayuda.

A lo mejor ya no te concentras como antes, no te dan ganas de hacer nada o el entusiasmo que tenías por las cosas que te gustaba hacer ya simplemente no lo sientes. Tal ves estés evitando la interacción con tus amigos, familia.

Hay ocasiones en que nuestras estrategias de afrontamiento ante situaciones difíciles nos fallan, dejan de funcionar o son menos efectivas que antes.

Incluso a veces, cuando sientes que todo tu esfuerzo por tratar de solucionar tu problema parece en vano, recurres al uso de sustancias que te ayuden a “desconectarte” del mundo y los problemas, alterando nuestro estado de ánimo y estados de conciencia; lo que puede terminar en un abuso excesivo de estas y llevarnos a un problema mayor.

El automedicarse para sentirte más relajado o menos triste, no soluciona nuestro problema, sólo lo disfraza y lo oculta por un periodo corto de tiempo.

Nuestra familia y amigos suelen estar cuando las cosas nos van bien, pero también lo están cuando las cosas van mal. Pero hay situaciones que no pueden ser abordadas solo con la familia o amigos, ya que éstos no tienen las herramientas para poder ayudarte.

Recuerda que un psicólogo, es un profesional de la salud al que no solo se acude en situaciones extremas; sino que hay muchos momentos de la vida en los que una visita a este especialista puede ayudarte a sentirte mejor y a comprender, afrontar y resolver  tus problemas.

Un bienestar psicológico: pensamientos, sentimientos y conductas, conducen a una autopercepción positiva y a relaciones satisfactorias con el entorno, ayuda a tomar buenas decisiones y afrontar los retos de la vida en todos sus ámbitos de manera adecuada.

Las personas aprendemos, por nosotros mismos, a vivir de un modo relativamente eficaz, esto es, con ciertas imperfecciones tolerables, que no interfieren nuestro día a día. Se requiere ayuda profesional cuando uno no es capaz de resolver los problemas por sí solo, afectando significativamente su vida. El psicólogo, por tanto, actúa para que, en un periodo razonable de tiempo, puedas volver a hacerte cargo de tu vida, comprendiendo y afrontando tus problemas adecuadamente.

Por tanto, podemos decir que uno pide ayuda de un psicólogo cuando siente que la situación nos ha desbordado y que no somos capaces de resolverlo solos.