La gran mayoría de las personas han perdido a un ser querido. Sin duda es una experiencia por la que ninguno quisiera atravesar, pero lamentablemente es parte de la vida, aunque nos cueste asumirlo.

El proceso de duelo implica una serie de emociones asociadas a la pérdida, que iremos vivenciando, a veces de manera intensa y que pueden acompañarnos por mucho tiempo. Es por lo anterior, que para poder afrontar sanamente este proceso y en forma equilibrada, debemos superar un conjunto de tareas que nos ayudarán a sobrellevar emocionalmente dicha pérdida.

  • Aceptar la realidad de la pérdida.

Muchas veces negamos la realidad de la pérdida, su significado y/o su irreversibilidad; lo que genera un estancamiento en nuestras vidas y una intensificación de nuestros sentimientos de malestar. Lo que nos puede ayudar para aceptar este proceso es el ritual funerario, las visitas al cementerio, hablar de la pérdida, etc.

  • Trabajar las emociones y el dolor de la pérdida.

Es importante encontrar un espacio para el adecuado reconocimiento y expresión de nuestras emociones. Negarlas o evitarlas, no contribuyen al proceso de aceptación de la pérdida. La evitación muchas veces toma la forma de comportamientos autodestructivos como el consumo de alcohol, drogas, u otras conductas impulsivas. Esta tarea cuesta superarla cuando tenemos sentimientos ambivalentes hacia la persona que hemos perdido.

  • Adaptarse a un medio en el que está ausente a quien hemos perdido.

Esta tarea consiste en la re-significación de la pérdida que hemos sufrido, de manera que nos permita seguir llevando la vida adelante. Sin duda, la pérdida de un ser querido implica importantes cambios en nuestra vida personal, que conllevan a un crecimiento personal, de lo contrario puede producirse un deterioro de la salud mental.

Es muy importante aquí no tomar decisiones apresuradas que produzcan cambios radicales en nuestras vidas, si no, hacerlo de manera paulatina, tratando de llenar los espacios que nuestro ser querido ha dejado.

  • Recolocar emocionalmente a quien hemos perdido y continuar viviendo.

Aquí se trata de encontrar un lugar especial dentro de nuestros recuerdos para quien hemos perdido, ya no ocupando un lugar prioritario en lo cotidiano, pero si especial. Las personas que han partido, nunca se olvidan, así como tampoco las emociones de su pérdida, pero su intensidad debiera disminuir.

 

Por lo general el tiempo de nuestro duelo dependerá de varios aspectos, tanto culturales como emocionales, pero es importante cumplir con las tareas para que dicho proceso se desarrolle con normalidad. Es así como un sano proceso de duelo, no debiera extenderse más allá de dos años; en caso contrario es importante considerar la ayuda profesional.

Por último, destacar que el proceso de duelo es personal y único, donde la espiritualidad puede jugar un importante papel en su elaboración, al otorgar un marco comprensivo del dolor y sufrimiento originado por la pérdida (Yoffe, 2013).